De entre los posibles binomios que podríamos escoger para resumir Rigoletto, como ‘maldición y venganza’ o ‘identidades y mentiras’, yo me inclino por ‘Orgullo y egoísmo’. Sí, un título muy ‘a lo Jane Austen’ con su Orgullo y prejuicio. Efectivamente, si Rigoletto hubiera superado su orgullo de padre deshonrado no habría buscado venganza. Y, a su vez, ese orgullo de padre deshonrado nace de su egoísmo, al no permitir ni entender el amor de su hija Gilda por el Duque de Mantua. Rigoletto busca su propia maldición por su muy egoísta falta de compasión y mofa del conde de Monterone; quien siembra vientos, recoge tempestades, como escucharemos al final de la obra.
Rigoletto es triplemente monstruoso: primero, por su apariencia física de jorobado (que Robert Carsen presenta como payaso); segundo, por encarnar esa apariencia física el pecado…
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