Ejercer de telonero en un programa de homenaje a Richard Strauss que concluye con un Idilio de Sigfrido de Wagner es un desafío que pocos compositores pueden afrontar. Pero en el que el joven Jatchaturián triunfó al grado de elevar su Trío para clarinete, violín y piano de 1932 a protagonista del concierto, gracias en primer lugar a la extraordinaria interpretación de Michel Arrignon, Marta Wasilewicz (Polonia, 1992) y Olga Kirpicheva (Rusia, 1987). También, obviamente, a la enorme calidad de la partitura, en la cual Jatchaturián nos muestra ya esa fascinación por Ravel y Gershwin que caracterizará sus grandes obras de madurez. El idiomatismo de la parte de clarinete, treinta años anterior a la Sonata para clarinete de Poulenc, fue plenamente resaltado por Arrignon, quien previamente había ofrecido una tan canónica como modélica…
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