Por segundo día consecutivo volvía a sonar el interesante arreglo para cinco instrumentos realizado por Franz Hasenöhrl para el Till Eulenspiegel de Richard Strauss, lógicamente con los mismos intérpretes [leer reseña del concierto]. En esta ocasión, una vez pasada la extrañeza de descubrir la obra, que elige sólo algunos momentos del poema sinfónico, pude disfrutar mejor de los aspectos tímbricos, del modo en que Hasenöhrl combina instrumentos que ciertamente son capitales en la obra original (clarinete, fagot, trompa y violín) y al mismo tiempo, con el sólo añadido del contrabajo, los hace sustituir a una orquesta entera. Personalmente eché de menos una mayor contundencia en lo que serían las partes orquestales, ya que el registro grave, que -para los que tenemos el oído acostumbrado a la sonoridad equilibrada del XVIII-XIX- es seña de…
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