En el Festival de El Escorial, el recital de piano ha estado a cargo de la artista donostiarra Judith Jáuregui, con un programa variado, integrado por obras de Mozart, Schumann, Debussy, Mompou y Albéniz. Como pianista, pertenece más a la estela de un Chopin que de un Liszt. Pese a tocar en una sala de concierto, su lugar está en el salón, en el ángulo oscuro, que diría Bécquer. Y es eso lo que recrea y comparte con el público: el sentido de intimidad. Mompou, qué duda cabe, está escrito para ella. Tanto en sus Scènes d’ enfants, como, precisamente, en sus Impresiones íntimas -obra que tocó fuera de programa-, Judith Jáuregui se nos muestra como una excelente narradora de relatos infantiles; de sus dedos brotan imágenes evanescentes. Es, de forma similar, un viaje al mundo del ensueño, de lo imposible y lo mágico, lo que logra transmitir…
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