Podría decirse que en España hemos tenido dos sagas de violinistas. Los de primera fila, entre los que cabría recordar a Jesús de Monasterio -verdadero creador de la escuela española de violín-, Antonio Fernández Bordas, Enrique Iniesta y Víctor Martín. Y la de los virtuosos, como el genial Pablo de Sarasate -mejor violinista de la segunda mitad del XIX—, el hoy olvidado Juan Manén o el malogrado Manuel Quiroga Losada. Quién sabe si, andando el tiempo, Leticia Moreno pasará a engrosar la nómina de estos últimos. Pese a su juventud, ya le precede la fama. De ahí la expectación que causa en sus admiradores. La otra tarde, un caballero pugnaba con su hijo por el uso de unos potentes prismáticos de safari, para contemplarla… desde la primera fila; anécdota risible, amén de grotesca, más digna de una velada en el Teatro-Circo Chino de…
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