Víctor Ullate quiso pisar sobre seguro en su vuelta al Teatro Real de Madrid y volvió los ojos a quien le había dado todo en el pasado: Maurice Béjart. Con él se desarrolló plenamente como bailarín y aprendió todo lo que -sin distinciones- puso en práctica posteriormente. Buscó en el baúl de los recuerdos del Maestro y sacó cuatro coreografías que han marcado época y que cuentan con un auténtico séquito de admiradores, pero que son extremadamente difíciles de poner en el escenario. No por ser montajes complejos o caros, sino porque para sacarlos con un mínimo de compromiso se necesitan bailarines de verdad.Se abría la noche con un clásico de 1970, El pájaro de fuego, coreografiado sobre la Suite The Firebird del ballet L'oiseau de feu que hiciera el propio compositor, prescindiendo de los hilos argumentales del célebre cuento de hadas…
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