Un Liszt que nos hizo despertar a todos. Si bien las primeras obras pasaron más desapercibidas, con la Paráfrasis de concierto sobre Rigoletto de Verdi el piano, recobrando toda su potencia, envolvió la sala con una sonoridad profunda y vibrante que hizo que los que allí estábamos nos moviéramos en nuestras butacas. El virtuosismo que suele caracterizar las obras del compositor húngaro, y que marcó buena parte del concierto, fue forjado con éxito tras la brillante interpretación que Goldstein nos regaló de dicha obra. El público supo apreciar el magnífico balance que se estableció entre los pasajes de tonos matizados y aquellos que hacían que los dedos del pianista se deslizaran por el teclado como fogosos torbellinos, con nítida digitación y amplio sonido.
Con un completo programa de más de una hora de duración, un escaso número de…
Comentarios