Me aburrí. Pese a que los cantantes pudieron con las durísimas exigencias de la partitura, la orquesta y el coro sonaron espléndidamente, y el director Antonello Allemandi condujo el conjunto con extraordinario pulso y precisión, me aburrí. Y es que Vísperas Sicilianas es una obra falta de toda tensión dramática en la que Verdi se limitó a poner, uno detrás de otro, números musicales cerrados según las más rancias normas de la 'grand opera'. Hay momentos en los que, pese a todo, logra aflorar el genio de Verdi y la obra brilla (por ejemplo, el cuarto acto) pero en general la percibo como una sucesión de melodías más o menos afortunadas, sin ningún plan general y que son cantadas por unos personajes de cartón piedra.En realidad si hay un plan general: adaptarse a las rígidas formas que la ópera de París exigía, es decir, tema histórico,…
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