Y vienen pegando duro, vaya que sí, y despistando al personal. Porque la primera sensación visual que se tiene cuando entran al escenario es la de estar asistiendo a un festival fin de curso de colegio bien. Todos de negro: los chicos, pantalón y camisa. Entre ellas, mucho vestido largo con tirantes, como anticipando la fiesta de Fin de Año que ya está ahí. Pero sale el director y, tras el instante de tensión del levare, una inesperada redondez de sonido nos devuelve al espacio y el tiempo reales. Esto es un concierto y, por como empieza, va muy en serio, mire usted.La Sinfonía Simple, de Britten, es una obrita deliciosa para orquesta de cuerda, y muy útil para vencer el miedo escénico y templar los nervios que puede producir a músicos noveles el enfrentarse a un espacio físico y acústico como el del Auditorio de Galicia. La redondez de…
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