El gran repertorio centroeuropeo en un grupo instrumental como la Orquesta Sinfónica de Castilla y León debe ser comandado por un director que conozca todo lo que puede dar de sí el particular sonido de este grupo en un espacio concreto. Según se apunta en el programa de mano, es la primera vez que la OSCYL interpreta la Sinfonía núm. 8 de Anton Bruckner, y puede afirmarse que Leopold Hager, gracias a un estilo que casa bien con lo que la orquesta mejor puede ofrecer en una obra como esta, no ha sido mala elección para el debut.
Es cierto que en los dos primeros movimientos, urgentísimos y en blanco y negro, esta versión se dejó fuera un montón de cosas interesantes. Ante todo se buscó la exactitud y el ritmo, y Hager no dudó en incidir en ciertos desequilibrios para conseguir que su planificación dinámica no se resintiera. Así, la cuerda…
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