La “décima maravilla del mundo” reducida a un cráter por el impacto de un meteorito. Otra forma de poner Valencia en el mapa (que la Providencia también puede ayudar, no va a ser todo tarea de titanes). Y a partir de ahí, un cúmulo de ventajas. Coste de mantenimiento: cero. Turismo asegurado. Y si se consigue depositar en el fondo una reliquia de Lorin Maazel, un pensamiento acaso profundo de Zubin Mehta (de mejor rollo, a ser posible, que el de “¿por qué Madrid odia a Valencia?”) y un do de pecho de Plácido Domingo, hasta tenemos un centro de peregrinación universal. La orquesta y el personal técnico, en el caso de que quede un poco de cordura, al teatro Principal. Y adiós al Palau de les Arts. (Si alguna vez observan una beatífica sonrisa en alguno de nuestros políticos autonómicos mientras asiste, por ejemplo, a una representación…
Comentarios