Joya mayor del arte gallego, la Catedral de Santiago de Compostela precisa desde hace décadas un mantenimiento que hasta hace pocos años había resultado insuficiente en cuanto a actuaciones de gran envergadura para evitar episodios tan bochornos como el entrar estos días de otoño en la policroma Capilla del Pilar y encontrarse toda una serie de cubos dispuestos para recoger las goteras que desde su bóveda intoxican con humedades techos, pavimentos y muros, en una filtración que acabará por arruinar un monumento expuesto a tan inclemente clima como el compostelano. Con la fachada del Obradoiro en proceso de restauración (tras la limpieza de la ya refulgente torre de la Berenguela) y un Pórtico de la Gloria que lleva camino de eternizar su proceso de recuperación (¡qué rápido se hubiese acelerado todo ello, de no dilapidar la Xunta de…
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