El concierto de abono núm. 6 supuso una buena ocasión para que la Orquesta Sinfónica de Castilla y León demostrara sus mejores cualidades, gracias al reto que supone una obra tan compleja como El castillo del duque Barbazul. Desde luego, en este aspecto la OSCYL no puede quejarse, ya que el concepto de Josep Pons pasaba por el total protagonismo del color orquestal, a lo que el grupo respondió con una brillantez como pocas veces ha podido escucharse. Realmente resulta difícil describir el equilibrio y perfecta presencia de todas las familias logrados en esta interpretación, fulgurante, transparente y a la vez rotunda. Probablemente la proporción de instrumentistas y su ubicación tuvieron que ver, pero aun así resulta casi inverosímil hasta qué punto puede cambiar esta orquesta cuando es dirigida por unos directores u otros; probablemente…
Comentarios