En ocasiones los prejuicios pesan, y cuesta asistir a un concierto con la saludable actitud de dejarse sorprender. Por el contrario, en este caso mis prejuicios me empujaron precisamente a dejarme sorprender, porque eso está garantizado con el venezolano Manuel Hernández Silva a la batuta: su fina educación vienesa y su larga trayectoria docente hacen que en sus conciertos siempre se escuchen cosas nuevas. Como en la obertura de la única ópera de Robert Schumann, en la que Silva quiso entresacar el dramatismo contenido y oscuro que encierra; aunque la ejecución salió un tanto deslavazada y me llevé la impresión de que a eso le hizo falta un ensayo más.En el Tercer Concierto para Violín de Camille Saint-Saëns Silva ofreció un acompañamiento primoroso, pero las sorpresas vinieron sobre todo de la mano de Amaury Coeytaux, actual concertino…
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