Las versiones de Masaaki Suzuki de obras que no pertenecen al Barroco por lo general muestran algunas virtudes y también grandes problemas. Entre las primeras, se percibe con facilidad un gran trabajo técnico de precisión y transparencia de la cuerda, que en este concierto sonó inmaculada y con algunos detalles muy brillantes sobre todo cuando fue la protagonista. Por ejemplo, al comienzo de Las Hébridas o en el Larghetto de la Sinfonía núm. 2 de Beethoven. Asimismo, el director atestiguó buen hacer curiosamente cuando se dejó notar poco, por ejemplo en el Andante de la Sinfonía concertante de Mozart, momento culminante de este concierto.
Suzuki en general es muy puntilloso y sabe perfectamente lo que quiere, pero sus versiones son estáticas, y su estilo pasa por una colocación de detalles sonoros que pecan de mecanicismo. Por ejemplo,…
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