Aunque lo parezca, el título de esta crónica no es un contrasentido. En cualquier caso, la aparente contradicción tendrá que atribuirse, primero a Mozart, que concibió esta ópera como un dramma giocoso y en esta concreta ocasión, al dúo López-Cobos/Flotats, que han optado por resaltar los aspectos del drama, aunque eso sí, sin renunciar a las exquisitas ironías que guarda el libro de Da Ponte.Para acentuar el drama, casi tragedia, Flotats ha cambiado la ópera de época, situándola en la Europa de los años treinta y enfrentando el divertimento de las dos parejas que protagonizan con sus juegos la obra, con la cruda realidad de aquellos para quienes ni la guerra, ni su situación social y personal es un juego. Y así, Despina, a quien le han inventado un marido que se va a la guerra dejándola sola con un hijo y en situación de penuria, sueña…
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