La última propuesta lírica del Teatro Villamarta de Jerez ha traído a escena una producción de la Tosca pucciniana que ha dado una sensación global aceptable, pero de gran irregularidad si analizamos cada aspecto artístico en particular.
Probablemente en ese cómputo final, el apartado teatral pese más que el meramente musical. Y eso que la producción de Giancarlo del Monaco, muy básica en lo estético pero directa en el desarrollo narrativo y bastante lograda en cuanto a la mera dirección de actores, elimina de un plumazo dos aspectos definitorios de esta ópera. En primer lugar, el carácter “romano”, cuya carencia se hace especialmente alarmante conforme avanza el drama, como, por ejemplo, el arranque del tercer acto con ese pastorcillo, aquí toda una pastora convertida en fregasuelos de un campo de concentración, con campanas de fondo de…
Comentarios