Un programa a priori amable y sugestivo, como el anunciado para este octavo concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, reservaba algunos atractivos alicientes que a la postre acabaron convirtiéndolo en una experiencia musical de interés. Y ello a pesar de irregularidades como la respuesta orquestal, no siempre equilibrada, o algún que otro momento de relajación expresiva.
Sin duda la entusiasta dirección de Andrés Salado cuadró una Sinfonía Clásica de Prokofiev en una interpretación de transparencia tímbrica ideal y de contagioso brío, aspectos éstos que volveríamos a encontrar en la Sinfonía nº 94 de Haydn, elegante al tiempo que irónica pese a cierta falta de intensidad. Al igual que en el Concierto para trompeta y orquesta, donde la discreta actuación de Forte, no siempre de limpio sonido, estuvo acorde con un…
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