En este concierto, dedicado exclusivamente a Beethoven, hubo varias sorpresas que vinieron siempre de la misma figura: Gordan Nikolic, director y violinista cuya actitud determinó todo el devenir de las interpretaciones, y por ello sus resultados artísticos. Lo fundamental es que se prescindió de la figura del director en su podio, y Nikolic tampoco se limitó a tocar el violín y dirigir, sino que dirigió tocando. Así, en el Triple concierto comenzó de espaldas (ninguna novedad), pero en el mismo plano que los otros dos solistas e integrado con su violín en la orquesta. Todavía en esta obra los profesores de la OSCYL podían tener buena referencia de Nikolic, ya que su altura e hiperexpresividad físicas le daban mucha notoriedad; pero en la Sinfonía núm. 8 se sentó y ejerció de concertino. Por lo tanto, los músicos estaban dispuestos…
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