Una única obra, pero ¡qué obra!, en la tercera cita con la orquesta que nos ocupa esta semana, la Royal Concertgebouw de Ámsterdam, la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, Resurrección. Esta mítica pieza es la obsesión de los mahlerianos, de ella se han escrito innumerables ensayos, y por fin la hemos tenido aquí en todo su esplendor y magnificencia.La impresión que la versión de Riccardo Chailly nos ha producido es en general buena, ya que dar el máximo en una obra de esta envergadura es algo muchas veces imprevisible. Fue evidente que la lectura fue ganando a media que transcurrían los movimientos, comenzó de manera algo decepcionante pero acabó apoteósicamente.El Allegro Maestoso inicial no llegó a tener una coherencia estructural adecuada, Chailly pasaba de momentos sublimes a otros absolutamente insignificantes, sin explicación…
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