¡A ver si mi familia política va a tener razón y resulta que servidor es un pelín rarito! Porque, si hay que asumir responsabilidades, esto es lo primero que se me ocurre a la hora de buscar explicaciones para el desacuerdo que siento ante la oleada de elogios levantada por la London Symphony Orchestra (LSO) tras su última actuación en Valencia. Si echamos la vista atrás, no hay más que remontarse hasta mayo del pasado año, cuando la formación nos visitó con Colin Davis, para que recordemos las alturas artísticas a las que es capaz de ascender. Cimas que no fueron conquistadas en esta ocasión, no por avalanchas ni temporales, sino simplemente por falta de impulso, de élan, que diría un francés.No es francés André Previn, aunque así parezca sugerirlo su nombre artístico. En cualquier caso, el pasado jueves sí que le faltó élan o espíritu…
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