De nuevo, un variado programa de Clasicismo musical constituía este decimotercer concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, en una suerte de espejo de aquél ofrecido allá por febrero, que giraba también en torno a los mismos criterios estilísticos. En esta ocasión Enrico Onofri, viejo conocido del público sevillano, fue el encargado de dirigir estas obras clasicistas (neoclasicista en el caso de la de Stravinsky), para lo cual se valió de su habitual energía, vitalidad e ímpetu; elementos éstos que demostraron ser, en términos generales, bastante convenientes.
Particularmente en las oberturas que iniciaban cada una de las dos partes del concierto -Orfeo ed Euridice de Gluck en la primera e Il barbiere di Siviglia de Paisiello en la segunda- el director italiano convenció en virtud de los contrastes dinámicos y del…
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