A estas alturas ni Esther Ferrer, ni Bartolomé Ferrando necesitan presentación. Basta con mencionar colectivos como ZAJ, Flatus Vocis Trío, Taller de Música Mundana, Rojo y recientemente JOP, o sus propios nombres sin más aditamento, para otear su longeva trayectoria y su personalidad artística. Han desarrollado su carrera en un territorio fronterizo y mestizo, en el que cualquier atisbo de definición conlleva un encorsetamiento absurdo. Tal vez sea por eso, por lo que ninguno de los dos posee una entrada en el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Posiblemente haya tantas razones para que consten en él, como para lo contrario, pero desde un punto de vista comprehensivo del devenir musical español desde los años 60, no cabe duda de que son, al menos, cooperadores necesarios, indispensables e indiscutibles. Por lo que…
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