Pocas veces un solista llega a convencer de forma tan unánime a todo un auditorio como hizo Emmanuel Pahud con el que llenaba el Palacio de la Ópera coruñés. Su mecanismo es de tal forma preciso que uno no puede evitar caer en el tópico por el lugar de nacimiento (Suiza). Añadamos que su sonido es brillante, al tiempo que redondo y cálido; y esto en todo momento, aun en aquéllos en que la obra le hace llegar a los registros más agudos, en los que se pasea como por el cuarto de estar de su casa .Por otra parte, su versión del 1º Concierto para Flauta fue un ejemplo de fidelidad al autor, sin dejar por ello de poner un gran vigor personal a la interpretación. En el Adagio central, tras la oscura profundidad de la introducción y el clima de amable levedad creado por la cuerda en sordina, el canto del instrumento solista fue como un rayo de…
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