A las puertas de nuevos acontecimientos musicales de interés, como es la intensa Semana de Música Religiosa de Burgos, peregrina por los templos capitalinos, nos visitó la Orquesta Sinfónica de Castilla y León con su suma y sigue de batutas de quita y pon. Una orquesta que en aras de un malentendido servicio cultural a esta invertebrada y elefantiásica Comunidad Autónoma parece tener gran actividad, que ni es tanta ni tanto, ni tanto… Y sobre todo desnortada, decapitada, ya se sabe: sin director titular. Hay cosas que el paso del tiempo parece resolver, pero son las menos, la mayor parte se enquistan o agravan. Es cierto que con respecto a otras ocasiones se notó en este concierto unas secciones orquestales más homogéneas en sus sonidos, más hechas, pero también -como sucede al caballo sin bocado-, más resabiadas, "demasiado sueltos",…
Comentarios