–¿Es un pájaro? –¿Es un avión? –¿Es un tenor? –¿Es un barítono? –¿Es un escocés? –¿Es el jefe de los gitanos del Sacromonte? –No, es Plácido Domingo. –Vale, ¿y qué se hace con él? –Ah, pues eso usted verá, pero dependerá de lo que quiera poner en valor: si desea destacar que el cantante a sus casi 75 años domina el escenario con una autoridad sustentada en argumentos líricos y teatrales (pese a cómo lo disfracen) que trascienden la leyenda, le alabará sin reparos; si prefiere incidir en el hecho de que a la maestría le falta ya savia y también en que como barítono verdiano no da el color que idealizamos, con reparos le alabará. De optar por esta segunda opción, quizá entendiera que Domingo es una fuerza dramática de la naturaleza a la que la propia naturaleza va doblegando por aquello del todo pasa, todo queda. –Sí, sí, claro, pero usted…
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