Educación musical

El miedo escénico. Mitos y realidad (2 de 5) El lugar del miedo escénico en la vida del músico

Igor Prokopyuk

jueves, 11 de febrero de 2016

En el capítulo anterior hemos observado cómo, desde hace mucho tiempo, el tema del miedo escénico está muy estereotipado a la hora de entenderlo y analizarlo. Existen muchas y variadas definiciones de este miedo, y esto, en mi opinión, dificulta el proceso de resolución y tratamiento del mismo. En el siguiente capítulo de este artículo (“El miedo escénico y desarrollo personal”) nos acercaremos a los recursos psicológicos que nos ayudarán a entender las causas de este miedo. Sin embargo, en el presente capítulo, nos vamos a centrar en la experiencia misma del miedo en la vida del músico: en cómo lo vive y cómo reacciona a él. En lugar de realizar una observación panorámica de múltiples experiencias, he decidido profundizar en la observación de mi propia vivencia del miedo escénico: considerar y analizar diversos casos de miedo podría brindarnos una imagen más amplia y variada, esto es cierto, pero al centrarme en el mío propio, conseguiré establecer ciertas valoraciones sin miedo a caer en inclinaciones o juicios erróneos. Pondré, de esta forma, mi experiencia como ejemplo de cómo un músico experimenta el miedo escénico y qué desafíos supone dicho problema para un artista en los planos profesional, personal y emocional.

Influencia del miedo escénico en mi educación y actividad concertística

Empecé a aprender a tocar el piano a una edad bastante tardía, a los dieciséis años. Sólo dos años después, entré en el conservatorio y tuve que enfrentarme a una gran diferencia de mi nivel musical en comparación con el de mis compañeros de curso. Bajo esta dura situación para mi se desarrolló un perfecto caldo de cultivo para mi miedo escénico. La existencia de este miedo me impedía frecuentemente preparar los deberes y programas que debía desempeñar en mi carrera. Por aquel entonces, pensaba que el miedo surgía porque había algo o algunas cosas en mi trabajo que no estaban bien realizadas y que gran parte de ese temor provenía del hecho de haber carecido de educación musical primaria en mis años de infancia. Por eso intentaba prepararme excesiva y concienzudamente para cada función. Por desgracia (y como era previsible), el miedo surgía una y otra vez, independientemente de mi nivel de preparación y exigencia. Recuerdo que, además, mi experiencia de miedo me provocaba ganas de escapar de mi estudio diario. Intentaba huir de mi aprendizaje para disminuir la tensión y, al fin y al cabo, resolver el problema. Cuando estudiaba, no obstante, me obligaba a hacerlo muy atentamente e intentaba no correr nunca el riesgo de cometer fallos. Junto al miedo, por lo tanto, poseía ambición de ser mejor y deseo de escoger programas y repertorios más complejos para lograr el éxito en su realización.

Cuando terminé mi formación académica y me enfrenté a la vida de artista independiente, convertí mi miedo escénico en parte de mi existencia. Para reafirmar mi personalidad, lo consideré como “normal”. Estaba inventando una forma cómoda y funcional de “mantenerme” como músico a pesar de que sabía que mi miedo podría aparecer en cualquier momento. Buscaba seguridad en la forma de actuar, y pensé que una buena forma de conseguirlo era escapando parcialmente del repertorio solista y prestando una mayor atención al repertorio de música de cámara. Encontré paz en “pactar” conmigo mismo condiciones que me ayudarían a vencer o, al menos, atenuar el ataque del miedo, si es que éste estaba por llegar. Por ejemplo, fijaba un número mínimo de ensayos para todas y cada una de las obras que estaba trabajando (no consideraba que la obra estaba bien preparada si no había sido ensayada conforme a lo establecido en mi contrato mental). La presencia de mi temor influía también, por supuesto, en mi decisión acerca de la frecuencia con la que tocar delante del público. Por esta razón, mi actividad concertística era más bien pequeña, y mi deseo de actuar y mostrar mi trabajo era inestable. La comparación de mi actividad artística con la de mis compañeros músicos y el permanente “ideal de músico” que poseía en mi pensamiento también influían en mi situación, generando un incremento del poder de mi miedo.

Autoestima y miedo escénico

Dicen que los artistas siempre tienen problemas con su autoestima. No sé si es cierto o no, pero observando mi ejemplo, puedo decir que en mi caso era correcto. He titulado esta sección utilizando el término “autoestima”. En cambio, por mi experiencia como psicoterapeuta, prefiero utilizar el término “amor a mi mismo” en lugar de “autoestima”, pues el significado de éste último me parece, en muchos casos, poco claro. En todos los momentos en que experimenté miedo escénico puedo observar una clara carencia de amor a mi mismo y un gran deseo de “caer bien”, agradar o ser respetado por los demás, principalmente por personas cercanas, profesores, amigos...etc. El miedo, como dijimos, puede ser utilizado como herramienta para observar nuestros límites e imperfecciones y evaluar nuestro amor a nosotros mismos y también puede contribuir a que aprendamos la bella tarea de amarnos sin condiciones. Observar y enfrentarnos a nuestro nivel de autoestima cuando éste no es muy alto (por ejemplo, cuando sentimos miedo) puede ser una tarea realmente dura que pudiera parecernos casi cruel. Por esta razón, solemos traspasar y forzar nuestros propios límites sin protegernos ante tal “violación”, y eso no es bueno para nosotros.

Miedo escénico y estado emocional

En mi vivencia artística, he experimentado hasta no hace mucho tiempo el miedo escénico como un proceso de pérdida de control y obligación de sufrir. Tras episodios de miedo, me costaba mucho trabajo retomar mi estado normal. Recorría con frecuencia estados de tristeza, ansiedad, preocupación y exceso de pensamientos. Una emoción tan potente y visceral como el miedo tiene un enorme poder en la vida de cualquier persona que lo experimenta.

Existen muchos tipos de emociones y muchas teorías que se ocupan de clasificarlas, pero no vamos a centrarnos en eso ahora, puesto que prefiero analizar para qué sirven dichas emociones (particularmente las del miedo) y hacia dónde nos conduce su poder perturbador. Analizando mis estados emocionales relacionados con situaciones de miedo escénico, me doy cuenta de que ninguna de esas situaciones tuvo nunca “solución”. Esto es, me dedicaba a sobrevivir mis emociones apoyándome en el paso del tiempo y dicho proceso no me llevó nunca a alcanzar ninguna de mis metas personales puesto que no transformaba en absoluto mi forma de ver las cosas, mi mentalidad. Quiero recordar aquí mi firme convicción de que el miedo, en tanto que emoción, nunca contribuirá a nuestro crecimiento personal s in que llevemos a cabo además un procedimiento mental adecuado . El miedo nos mostrará el camino al problema, y será nuestra tarea posterior iniciar el proceso de solucionarlo.

Influencia del miedo escénico y de su ausencia sobre la actividad profesional

A través del trabajo sobre el miedo escénico en mi propia vida he observado cambios sustanciales en la estructura de algunos de mis patrones mentales. Al liberarme paso a paso del miedo escénico sentía que, cada vez más, podía pensar y construir mis planes, hacer proyectos a corto, medio o largo plazo y sentirme libre para actuar autónomamente en multitud de situaciones. La presencia del miedo influía poderosamente en mi imaginación del futuro, transformándola en gran medida en comparación con cómo era ésta en un estado normal carente de miedo. Una actuación llevada a cabo en ausencia de miedo nos permite imaginar de forma más realista cómo debería ser una “buena” acción y, por qué no, también una interpretación musical o una actividad artística. Esta ausencia de miedo, a su vez, nos apoya en la (tantas veces) dura tarea de aceptar la realidad, que suele presentarse siempre como algo bien distinto de aquello que habíamos imaginado previamente.

El miedo puede ayudarnos, si logramos comprenderlo y utilizarlo, a obtener grandes beneficios de las situaciones en que se presenta. De otra manera puede impedirnos o bloquearnos emocional y personalmente de una manera inconsciente y descontrolada. Como músicos, seguro que hemos sufrido en diversas ocasiones cómo el miedo nos ha obstaculizado el camino hacia la realización artística y personal. Si tenemos intención de cambiar el modo de vivir, sobrevivir y “traer a conciencia” nuestros miedos, mi recomendación primera sería desvincular mentalmente nuestra realidad artística de las influencias negativas del miedo y actuar de forma consciente y voluntaria, tomando el miedo como herramienta de crecimiento.

 

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.