La tercera de las tres representaciones de Otello en el Teatro Calderón de la Barca de Valladolid resultó irregular, pues a las razones habituales del recinto (acústica extremadamente seca y foso imposible de equilibrar con escenario) se unió que el elenco vocal mostró carencias demasiado evidentes como para que fueran subsumidas —si es que algo así es posible— por la plausible puesta en escena de Paco Azorín.
El principal problema fue Fabio Armiliato en el papel de protagonista. Aunque se advirtió por megafonía que no estaba en plenitud de condiciones por un traumatismo torácico, se percibe claramente que su posición de canto es realmente calamitosa, con una perpetua emisión en resonadores bajos y partes blandas que provoca una angustiosa carrera de obstáculos, agotadora para el que canta y para el que escucha. Realmente, es difícil…
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