Es frecuente olvidar que el concierto también es una experiencia visual. Para el espectador de a pie, para el público ocasional, puede suponer la primera oportunidad de encontrarse con un instrumento concreto, descubrirlo por primera vez. La espectación ante la enérgica Phaethon (1987) de Christopher Rouse, con una legión de insólitos instrumentos de percusión, parecía estar en la presencia de los instrumentos en sí, lejos de la propia música. Las cabezas se inclinaban y el público de los pisos superiores intentaba asomarse para contemplar el golpe de hammer con el que terminaba la obra, a la manera de la Sexta Sinfonía de Mahler. La obra, inspirada en el mito griego del hijo de Helios, bebe de la rítmica propia del rock y utiliza a los trombones para inspirar el movimiento del carro tirado por el personaje durante la leyenda. Eschenbach…
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