Nuevo acierto de Andrew Gourlay frente a la orquesta de la que es titular, la Sinfónica de Castilla y León, después de tener que sustituir al francés Emmanuel Krivine ante la repentina cancelación de este. Cada vez estoy más convencido de que el estilo de Gourlay se adecua maravillosamente a las necesidades de la OSCyL y de la sala sinfónica del Centro Cultural Miguel Delibes, ya que ante todo logra un evidente orden, traducido en una diferenciación tímbrica que a veces se echa de menos con otros maestros.
Como puede suponerse, esto en el Don Juan de Strauss es conditio sine qua non para empezar a conseguir algo. Se trata de una obra difícil de montar, llena de claroscuros, y los resultados fueron plausibles: ligereza y velocidad (más que brío) en las zonas dinámicas, y un fantástico color en la parte amorosa, donde Gourlay demostró que…
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