En esta fantástica versión de la Sinfonía n.º 6 de Gustav Mahler —gran final a la temporada de abono de la OSCyL— sorprenden los sobresalientes resultados de fraseo y colores con que Pons dota a una concepción milimétricamente estudiada y que no deja nada al azar. Se trata de una obra larga y muy difícil, y a su enérgico carácter hay que sumar que el relax no entra precisamente en los planes de este director, que llevó al extremo todo lo que los recursos musicales más representativos de una cierta tradición romántica le permitieron. Las grandes elongaciones del final de muchas secciones, por ejemplo, estuvieron a la orden del día, y en general se apreció un ímpetu que nacía del pathos sin desordenar nada, lo que no resulta en absoluto sencillo dada la saturación instrumental de esta sinfonía.
Todo sonó con una energía desbordada: las…
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