Los wagnerianos habituales de Bayreuth lo sabemos y lo esperamos, tiesos de emoción en esos asientos de frágil respaldo de madera: Una vez pasado por el fuego junto con Brünhilde y devuelto al Rhin, el anillo maldito se lava y listo. Pero no hay Brünhilde que valga frente el Anillo escenificado por Frank Castorf, ya en su cuarto año y todavía con uno más por delante. La maldición persiste, y ello hasta tal punto que es la primera vez desde 1951 que se consiguen entradas en la puerta. Junto a los cartelitos de “busco entrada” para Parsifal o Tristan, concursaban los de “vendo entrada” para las cuatro óperas de la Tetralogía y la ansiedad de los revendedores se veía en sus caras. ¿Planea algo la firma Wagner frente a este preocupante indicio de tambaleo económico?
Sólo mi empecinamiento por reseñar cada Anillo dos veces me llevó a repetir…
Comentarios