España - Cantabria

Placeres alegres

Germán García Tomás
viernes, 16 de septiembre de 2016
Santander, miércoles, 31 de agosto de 2016. Palacio de Festivales de Cantabria. Sala Argenta. Philippe Jaroussky (contratenor). Ensemble Artaserse. “Tesoros de las primeras óperas”: obras de Cesti, Cavalli, Rossi, Mealli, Uccelini, Legrenzi, Marini, Rossi, Steffani y Monteverdi. Festival Internacional de Santander 2016
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Bajo el título de “Tesoros de las primeras óperas”, el contratenor Philippe Jaroussky dio el broche de oro final a la 65ª edición del Festival Internacional de Música de Santander. El afamado cantante francés venía a interpretar en compañía de su Ensemble Artaserse un repertorio seleccionado exquisitamente de auténticos diamantes de ópera del primer barroco italiano, en lo que representan los primeros ejemplos del balbuciente género operístico. Hay que destacar el hecho de que aunque la página web del festival anunciaba únicamente la escasísima cifra de ocho obras para este concierto, ha sido una verdadera satisfacción encontrarse con un nutrido programa de rarezas, entre arias operísticas y piezas instrumentales, que han hecho las delicias de los seguidores del contratenor, y por extensión, de los amantes consumados de la ópera barroca.

Concebido como un espectáculo integral en dos partes sin solución de continuidad en cada una de ellas, lo cual consideramos que acertadamente agiliza el ritmo del concierto, evita distracciones por parte del público y mantiene la continua concentración de los intérpretes, esta velada musical de cierre del festival ha evidenciado ser una auténtica y genuina experiencia estética que no ha decepcionado ninguna de las expectativas con las que se acudía a Santander.

Quizá sea demasiado reiterativo mencionarlo, pero el protagonista del concierto parece estar revestido de unas cualidades innatas que por su misma singularidad le convierten en una de las voces actuales de mayor atracción. Lo primero que asombra de su genuino instrumento, único en su especie, es el color, un timbre que por su mismo exotismo parece provenir de la misma época de los castratti y que consigue producir sonidos de puro terciopelo, entre etéreos y evanescentes. De otro lado asombra la prodigiosa e intachable técnica, capaz de articular la más amplia gama de inflexiones vocales con suma leggerezza y con aparente ausencia de vibrato. A todo esto se suma la palpitante expresividad, la exquisita sensibilidad musical y la profunda sutileza con las que el cantante galo aborda todos y cada uno de sus acercamientos hasta alcanzar el pathos expresivo y llegar a convertir la peripecia en epatante.

Aunque Jaroussky interpretó alguna que otra aria di bravura como “Festeggia mio core!” de Le Disgrazie d’Amore de Pietro Antonio Cesti o el aria “Che città” de Ormindo de Francesco Cavalli (esta última acompañada de teatrales gesticulaciones), en donde exhibe unas exuberantes agilidades vocales y un impecable abordaje del ornamento barroco, en el concierto abundaron más las arias de tiempos lentos y reposados, que muestran las grandiosas dotes del francés para llegar directamente al cuore a través de filados de notas interminables que ralentiza a piacere y desvanece del pianissimo al más absoluto silencio, cual acorde de un instrumento de cuerda, y de sus sutiles inflexiones y graduaciones vocales. Brindó más que memorables interpretaciones, colosales, casi diría, de bellísimas piezas como el recitativo y aria de Endimión de La Calisto de Francesco Cavalli, el lamento de Orfeo de L’Orfeo de Luigi Rossi (con el evocador acompañamiento de las cornetas en la descripción del Averno), la emocionante canción de cuna (“Adagiati, Poppea”) de L’incoronazione di Poppea de Claudio Monteverdi (algo que fue realmente de otro mundo) y el popular aria “Delizie contente” de Il Giasone de Cavalli.

Entre las arias que conformaban el programa, el Ensemble Artaserse realizó en solitario magníficas versiones, de gran colorido tímbrico y sonoridad genuinamente barroca, de diversos fragmentos instrumentales como la Sonata para violín op. 3, La Cesta, de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, donde el solista Raúl Arellana ofreció un muy cuidado discurso en legato de la virtuosística pieza, extractos de las Sinfonías quinta y sexta a cinco instrumentos de Marco Uccellini o la Sonata a dos, la spilimberga, de Giovanni Legrenzi, con Arellana y José Manuel Navarro en las partes solistas.

Tras la fiesta sonora que supuso el aria a ritmo de chacona de la ópera Allarico, il Baltha, Ré de Gothi de Agostino Steffani con que se cerraba el recital, el contratenor francés regaló dos encores de una de sus mayores debilidades, Claudio Monteverdi, con dos arias de distinto tono expresivo, una de ellas la famosa canción madrigalesca Si, dolce è `l tormento, con la que el bautizado como “Farinelli del siglo XXI” suscribió un éxito arrollador ante un Palacio de Festivales colmado de alegres placeres.

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