Tarde entretenida la del pasado miércoles en el Auditorio Nacional de Música, y buena alternativa a la dichosa Champions League. En un buen golpe de mano, el ciclo de Promúsica nos presentó, en versión de concierto, eso sí, la primera ópera de un Mozart aún adolescente.La obertura sonó bastante bien en su conjunto, si bien hay que resaltar que fallaron mucho las entradas. Los instrumentos, de 'época', dieron el toque especial a la interpretación musical con su timbre particular. No obstante, es cierto que de vez en cuando los metales llegaban avasallando, y que el clave, por el contrario, estaba allí, en el centro, sin más, como un mueble que producía sonidos de fondo... pero muy al fondo. Todo el mundo sabe que su sonido es débil, mucho más que el de una orquesta, pero aún así dio la impresión de sonar todavía menos, pareciendo…
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