Curioso concierto el n.º 4 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en la temporada de su 25 Aniversario: dedicado a autores rusos, en él Vladimir Fedoseyev insistió en variar el orden programado, e interpretar la Sinfonía n.º 7 de Prokófiev en primer lugar y Jovánschina y Cantos y danzas de la muerte en la segunda parte. El cambio no tiene ningún sentido si tenemos en cuenta que la Sinfonía de Prokófiev se interpretó con la coda del “final feliz”, y que hubiera sido un broche animado perfectamente digno al concierto. Pero, en la práctica, tampoco estuvo mal que el bajo Egils Silins recogiera al final los mejores aplausos de la noche y nos regalara de propina una excelente interpretación del aria de Aleko, de la ópera homónima de Rachmáninov.
La verdad —y aunque empecemos por el final, por seguir la costumbre— es que yo salí del…
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