Érase una vez una asociación de amigos de la ópera, con su equipo directivo, su equipo artístico y su canesú, que tenían que representar una ópera en una sala enorme, descomunal. Para ello, contrataron una producción que venía de otro teatro. Cuando la producción llegó a la mencionada y gigantesca sala, resultó que tenía un defecto: dificultaba seriamente la audibilidad, si tal palabra existe, de varios de los protagonistas de la ópera que se tenía que representar. Y aquí es donde el cuento se pone interesante: al constatar los problemas existentes, ¿qué hicieron equipo artístico y técnico, tanto de la asociación que tenía que representar la ópera como los responsables de la producción contratada? ¿Solucionar esos problemas? A quién se le ocurre. No, no hicieron nada, dejaron que todo siguiera su curso, y el público se sintió…
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