El lago de los cisnes es el clásico del ballet por excelencia; como todo clásico, es de una exigencia altísima, y eso sólo refiriéndose al aspecto técnico de la pieza; si nos metemos con la parte artística de la coreografía, sólo queda añadir que las referencias pasadas que tenemos son tan elevadas que cuesta librarse de ellas a la hora de poner los ojos en los intérpretes que se meten en la piel de los personajes, con la consiguiente comparación indebida y evidentemente inapropiada.Pero precisamente por la dificultad extrema que entraña la interpretación de estos clásicos, y por la imposibilidad de añadir el más ligero cambio que aporte mejoras al asunto - reconozcámoslo, que ya es hora - no es necesario ir de descubridor de El lago de los cisnes. Si rompes, rompes, pero con todas las de la ley; de lo contrario, mejor no tocar nada.…
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