Alguien, en el pequeño recibidor que da acceso al patio de butacas de la sala sinfónica del CCMD, cantaba parte de una canción del último álbum de Luz Casal, concretamente la que se titula Maravillas. Premonición cumplida: aunque lo suyo es comentar más pormenorizadamente el Strauss que el Haydn, en realidad este, en su engañosa sencillez, estuvo a la altura de una Alpina que directamente alcanzó una cumbre en su estreno en Valladolid.
No se sabe por qué los músicos estaban tan contentos: si fue López Cobos, el carácter de las obras o alguna alineación planetaria; pero directamente transmitían con sus caras lo que estaban expresando con su música. Haydn fue estupendo ya desde el comienzo, ese precioso “amanecer” perfectísimamente planificado y transmitido con un alborozo muy elegante. La pequeña plantilla sonó en equilibrio perpetuo, y…
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