Apenas superaba el centenar el número de privilegiados espectadores que llenaban el aforo del coqueto auditorio del malagueño Museo Picasso para asistir a un concierto de Javier Perianes cuyo programa prometía mucho y bueno: un monográfico Schubert sin concesiones. Aunque el espacio es estéticamente ingrato y la acústica, en principio bastante aceptable, se vio perjudicada por el implacable "ostinato" de algún aparato de aire acondicionado, es innegable que la sala reunía una calidez e intimidad ideal para un recital de este tipo. Al atacar el Allegretto D.915, Perianes dejó bien clara la planificación interpretativa de esta primera parte y, por ende, de todo el recital: intensidad, amplia dinámica, austero uso de los pedales, equilibrio expresivo... Fue sorprendente pero tremendamente eficaz y, a la postre, lógico el hecho de enganchar…
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