Pierre Audi brilló con espléndidas credenciales wagnerianas en la espléndida sala de la Opera Nacional de Holanda en Ámsterdam con un legendario Anillo del Nibelungo. Y también Anish Kapoor descolló wagnerianamente con un excelente montaje de instalaciones gigánticas en el Tristan und Isolde presentado hace algún tiempo por la English National Opera londinense. El encuentro de ambos en esta reposición de Parsifal es menos exitoso que estos antecedentes. El primer acto es un montaje de enormes rocas rojizas detrás de las cuales se ocultan como bastidor unos andamios que hacen de templo del Grial. Una lúgubre luz rojiza y un movimiento de personas demasiado estático se unen a una dirección orquestal correcta pero sin demasiada intensidad. En contraste, la cósmica gran esfera azul y el ondular de las niñas flores consiguen uno de los más…
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