En la régie para el Otello verdiano de Calixto Bieito, estrenada en Basilea y repuesta en la Ópera de Hamburgo este enero, la acción transcurre en un puerto negro, con una desesperanzada turba, tal vez de refugiados, separada por alambre de púas y con el único decorado de una enorme grúa amarilla. La alusión es obvia: amarillo es el color de los celos y la grúa se mueve de vez en cuando manipulada por los personajes antes de terminar atrapando a los dos amantes. También es utilizada como horca para un contrabandista. Iago recibe al Otello triunfante del primer acto entregándole un pañuelo para que éste se limpie sus manos ensangrentadas. Pero no se las limpia bien, porque esa finolis Desdémona de visones blancos del cuello a los pies mira con inquietud premonitoria esos dedos que terminarán estrangulándola al comienzo de su dúo de…
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