Tiene su guasa que sólo un ratito después de que Donald Trump haya jurado el cargo suene aquí –y muy bien, por cierto- la célebre Fanfarria de Aaron Copland (1943), habida cuenta de que ambos habrían aborrecido ver su nombre escrito junto al del otro en la misma frase. Quedan exentos de imputación los programadores de la Orquesta Sinfónica de Galicia, que poco podían augurar tal casualidad. De la misma forma que es justo reconocerles la confección de un programa novedoso (las obras de Copland y Ginastera eran primicia para la orquesta), coherente (autores del siglo XX en piezas rebeldemente separadas de la vanguardia más rabiosa), y lógico (las partituras de Ginastera y de Lutosławski requieren idéntico –y numeroso- efectivo instrumental).
No conocía el Concierto para violonchelo nº 2 de Ginastera (1980), pero enseguida me atrapó su…
Comentarios