El número 7 de los conciertos de temporada de la OSCyL supo caldear el gélido ambiente invernal hasta el punto de que un conocido —y excelente— experto en Berlioz afirmó al finalizar la velada que la orquesta echaba humo. Desde luego, hay que reconocer que Pons y la OSCyL fueron capaces abordar las obras con gran expresividad, y sobre todo empuje. En Petrushka, sin embargo, no pude evitar pensar que todos los efectos sonaban a un volumen bastante elevado, en una especie de tapiz abigarrado, como si las frecuencias más altas tuvieran que predominar dentro de un nivel dinámico parecido y "vencedor", lo que podía causar algo de agobio.
Ciertos componentes de la orquesta se vieron algo perjudicados por este hecho, como algunas maderas o el estupendo concertino Paçalin Pavaci. En general, los momentos reposados resultaron más interesantes, y…
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