En esta noche de temporal de viento y lluvia en Santiago resultaba especialmente sacrificado acudir al Auditorio. El dato de asistencia es revelador en medio de una temporada en la que prácticamente se llena la sala en todos los conciertos de la Real Filharmonía. Pero el programa era más que atractivo, y un servidor tenía buen recuerdo del polaco Michał Nesterowicz (Wrocław, 1974). Valió la pena luchar contra los elementos, porque el concierto empezó bien, siguió mejor, y terminó siendo una de esas veladas en las que se renueva el legítimo orgullo sinfónico compostelano.
La adversidad meteorológica se quedó fuera nada más empezar la célebre Pavana de Ravel (patinazo de la trompa aparte, que eso sucede en las mejores familias), porque Nesterowicz dio una versión acertadamente intimista de la pieza. Y aún más acertado fue mantener ese…
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