Dicen las notas al programa que Plácido Domingo solo puede destacar a una arpista en el mundo, y que esa es Cristina Montes. Atendiendo a la afirmación del tenor, la destreza de Montes defendiendo el concierto de Glière quedaron patentes, especialmente en las cadencias que dejaban a la intérprete a solas con el auditorio. Pero más allá del reconocimiento de la solista cabría hablar de la naturaleza ampulosa de la composición en sí misma: un concierto complaciente que, aun con todo su extenso colorido orquestal y sus armonías agradables, parece estar contando bien poco. La destreza de la joven Montes y la agradable respuesta de la orquesta estaban fuera de toda duda: el problema estaba en la música, no en los músicos.
Como preludio al Concierto para arpa de Glière, la JONDE se tomó los cuatro movimientos de la Rapsodia española de Ravel…
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