El director israelí Eliahu Inbal es un músico muy personal: suele hacer lo contrario de lo que uno esperaría, pero lo lleva a cabo con tal energía que es capaz de convencer inmediatamente al más remiso. Con Inbal, y especialmente en Bruckner y Mahler, algunos pasajes parecen adquirir vida propia, tal es el subrayado al que son sometidos. La visión desde arriba queda bien dibujada por el común estilo interpretativo que otorga a las individualidades, que las hace hermanarse de una forma extraña, de manera análoga a la formación de una coherente pandilla de asociales. Es un experto en el collage, y toma de donde quiere lo que piensa que puede ir bien al asunto (modernidad en los tempi y el antisentimentalismo, pero también tradición en retenciones de frases y focalizaciones melódicas).
Y siempre termina yendo bien, pese a que lo suyo no sea…
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