Tras besar galantemente la mano de Khatia Buniatishvili, el concertino Massimo Spadano se quedó tan patidifuso al observar el generosísimo escote posterior de su vestido que no reparó en la mano que le tendía Dima Slobodeniouk. No había para menos: aquello no era un “palabra de honor” por la parte de atrás, sino todo un “lo juro por La Bohème de Karajan.” Media hora después era el público entero –y un servidor el primero- quien se quedaba boquiabierto con la interpretación que hicieron todos del Primer Concierto de Beethoven.
El Concierto en Do mayor es de esas piezas de las que uno ha escuchado muchas versiones adocenadas, que hacen pensar en qué razones han podido llevar a ponerla en atriles. La de esta noche, por el contrario, fue una revelación: solista, orquesta y director comulgaron con un mismo concepto basado en la fluidez, la…
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