En su visita al Teatro de la Maestranza, la venezolana Gabriela Montero proponía un interesante y personal programa que combinaba a partes iguales, nunca mejor dicho, la entidad incuestionable de páginas señeras del pianismo mundial así como el misterio y expectación de toda una segunda mitad al completo reservada a la improvisación sobre melodías sugeridas por el público; algo que, como ella misma explicó y, por supuesto, demostró, lleva desarrollando desde muy temprana edad.
De partida, con el imponente Impromptu nº1 ofrecía las claves de un Schubert de sonido rutilante en base a una planificación dinámica extrema y la impactante transparencia de las texturas; en este sentido fue toda una experiencia ir siguiendo con facilidad las transformaciones melódicas y armónicas del tema principal sin ser sepultado bajo alardes efectistas ni…
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