La sensación de combatir contra molinos de viento no es solamente la de ir contra una alucinación, sino la de no encontrar correspondencia en las armas, en los lenguajes y en la interpretación de la realidad. Sentirse molino de viento, girar anodinamente unas aspas toscas y sin pretensiones, no asumir otra realidad que la que produce el soniquete del eje al girar, bien podría ser una imagen -amable- de la Sociedad Filarmónica de Burgos, una institución anclada en lo fácil y descomprometido, carente de verdaderos retos y ambiciones musicales, de cuestionable sentimiento filarmónico.Con cerca del millar de socios, esta centenaria institución sigue anclada en moldes del pasado más burdo: la organización de un concierto semanal sea cual fuere su interés o calidad. Si encontramos una actuación buena de cada cuatro (el equivalente a 1 mes =…
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