Últimamente Jesús López Cobos viene malacostumbrando al público del Auditorio de Valladolid con interpretaciones de gran nivel. Su anterior concierto, en el que Joseph Haydn y Richard Strauss brillaron como pocas veces en esta sala, dejó el listón altísimo. En el concierto de temporada n.º 11, sin embargo, las cosas no empezaron bien, y la obertura de Manfred evidenció problemas que en parte se resolvieron y en parte lastraron algo el resto de las obras. El principal escollo estuvo en una cuerda aguda que bajó enteros en relación al concierto anterior dirigido por el titular, Andrew Gourlay, ya que esta vez sonó sin ningún cuerpo, poco precisa, anémica en sus notas más graves. Esto causó que la obertura se viera desposeída de cualquier grandeza y que sus intenciones literarias carecieran de credibilidad. López Cobos mostró unas ideas…
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